¿Por qué Chile quiere limitar el acceso de menores de 16 años a las

redes sociales?

La evidencia científica sobre salud mental, desarrollo cerebral y aprendizaje ha impulsado un
proyecto de ley que busca regular el uso de estas plataformas durante la adolescencia.

¿Y si las redes sociales fueran tan dañinas para un adolescente como para requerir una regulación
similar a la de otros riesgos para la salud? Esa es la pregunta que comienza a instalarse en Chile,
donde un proyecto de ley busca prohibir el registro y uso de redes sociales a menores de 16 años,
exigir mecanismos efectivos de verificación de edad, restringir la publicidad dirigida a niños y
adolescentes y eliminar herramientas diseñadas para prolongar el tiempo de permanencia en las
plataformas, como las reproducciones automáticas y las notificaciones programadas. 
Para el académico de la carrera de Psicología de la Universidad Católica de la Santísima
Concepción (UCSC), Horacio Salgado, el debate responde a una preocupación social respaldada
por una creciente evidencia científica sobre los efectos que estas plataformas generan durante la
adolescencia.
A su juicio, uno de los cambios más importantes ocurrió hace poco más de una década, cuando la
masificación de la cámara frontal y las selfies transformó la manera en que los jóvenes
comenzaron a relacionarse con las redes sociales. "Las selfies son el elemento crucial que hace
explotar un fenómeno normal en los seres humanos, pero característico de niños y adolescentes:
la comparación. Ver constantemente que todos mis amigos hacen algo y yo no genera ansiedad,
componentes de depresión, problemas de atención y el conocido FOMO (fear of missing out), esa
sensación permanente de que uno se está perdiendo de algo", explicó.
Según el académico, la acumulación de estos efectos ha sido tan significativa que distintos
organismos e investigaciones internacionales ya hablan de una epidemia de salud mental en la
generación Z.
Pero las consecuencias no se limitan al bienestar emocional. Salgado señala que durante los
últimos años también ha crecido la evidencia respecto de la fragmentación de la atención, un
fenómeno que afecta directamente el aprendizaje y que podría tener repercusiones en la vida
social y laboral futura de quienes crecieron expuestos a estas plataformas desde edades
tempranas.
El académico menciona investigaciones realizadas en colegios de Estados Unidos donde la
prohibición del uso de teléfonos ha mostrado resultados que van más allá del rendimiento

académico. "Ha mejorado la atención y los niños han vuelto a compartir en los recreos, pero
también han vuelto a comer en los casinos de los colegios porque dejaron de ser fotografiados y
ridiculizados en redes sociales. Ese es el alcance de las redes sociales".
Uno de los argumentos que también sustenta la propuesta de ley es el desarrollo del cerebro
durante la adolescencia. Desde la neurociencia se explica que el sistema encargado del control de
impulsos madura varios años después que el sistema relacionado con las emociones y las
recompensas, haciendo que los menores sean especialmente vulnerables a estímulos como las
notificaciones o los algoritmos diseñados para captar su atención.
En ese contexto, Salgado sostiene que la autorregulación aún no está completamente
desarrollada. "Hasta los 16 años aproximadamente el cerebro desarrolla muy rápido la parte
emocional, mientras que la autorregulación madura cerca de los 20 años. Por eso los adolescentes
no cuentan con la capacidad de regular la cantidad de tiempo que pasan en redes sociales",
afirmó.
El académico agrega que incluso las propias empresas tecnológicas han generado evidencia sobre
estos efectos. Como ejemplo menciona el Proyecto Mercurio de Meta, un estudio interno que
comparó adolescentes que dejaron de utilizar Facebook durante un mes con otros que
continuaron usándolo.
"Los que dejaron de usar la plataforma disminuyeron su sintomatología. El estudio permaneció
oculto y solo se conoció públicamente tras acciones judiciales", señaló.
Asimismo, recordó que el más reciente Reporte Mundial de la Felicidad, elaborado por Gallup y la
Universidad de Oxford, reúne investigaciones que muestran que el uso problemático de redes
sociales produce efectos comparables con otras conductas adictivas, como el consumo de drogas.
Frente a este escenario, Salgado considera que la discusión legislativa representa una oportunidad
para aplicar un sistema de prevención similar al existente en otros ámbitos de la salud pública.
"Cuando un medicamento llega a la sociedad debe demostrar previamente que no produce
efectos dañinos. Ese mismo peso de la prueba debería exigirse a las redes sociales y ahora también
a la inteligencia artificial", sostuvo.
En este sentido, el académico considera que el proyecto de ley también constituye un apoyo para
las familias, ya que el control del uso de teléfonos móviles suele convertirse en una tarea compleja
en la vida cotidiana. Según explica, dentro de las múltiples responsabilidades diarias, entregar un
celular a un niño puede transformarse en una forma rápida de mantenerlo entretenido.
"En la vorágine diaria, entregar un teléfono móvil a los niños evita la sobrecarga que se produce
cuando ellos necesitan atención. Sin embargo, los efectos perjudiciales son demasiado grandes
como para desentendernos. Esta es una responsabilidad de los padres, pero también de la
legislación, de nuestra clase política y de nuestras autoridades", concluyó.

De este modo, continúa avanzando la discusión de una iniciativa que podría convertirse en la
primera legislación chilena orientada a proteger a niños y adolescentes frente a las consecuencias
del uso intensivo de redes sociales, a partir de una evidencia

Por radioara