UN 14 DE FEBRERO DE 1879, IRENE MORALES SE ENROLÓ EN EL EJÉRCITO

(ORBE).-

Con el desembarco de las tropas chilenas en Antofagasta el
día 14 de febrero de 1879, con el objeto de reafirmar la
soberanía en esa ciudad, Irene Morales Infante fue una de las
primeras que corrieron al edificio de la Prefectura, como
voluntaria, para enrolarse en las filas.

Con ese objetivo, se disfrazó de hombre, presentándose en el
Batallón Tercero de Línea, pero con sus 14 años de edad, fue
descubierta por la Comisión Receptora. Sin embargo, el
Capitán Hermógenes Camus Guzmán la enganchó como soldado
«tercerino».

Una vez admitida en el Tercero de Línea, participó en la
Campaña de Tarapacá, donde tuvo una destacada actuación en el
desembarco y Toma de Pisagua el 2 de noviembre de 1879 y en
el Combate de Dolores el día 19 del mismo mes. Allí se unió a
los soldados fusil en mano, para después preocuparse de la
atención de los enfermos.

Al año siguiente, el Comandante en Jefe del Ejército, Manuel
Baquedano González, supo de sus hazañas. Entonces la mandó
llamar y la autorizó oficialmente para que vistiera el
uniforme de cantinera y a la vez le otorgó el grado de
Sargento. Con esta distinción participó en la Batalla de
Tacna, desarrollada el 26 de mayo de 1880, donde fue
levemente herida cuando, con su pequeño barrilito terciado,
daba un sorbo de agua a los agotados combatientes.

Aparte de sus gestas guerreras, de Irene Morales se sabe que
nació en el barrio de la Chimba en Santiago, el 1 de abril de
1865 y luego de la muerte de su progenitor se trasladó con su
madre a Valparaíso, donde trabajó como costurera.

A los 12 años de edad, en 1877, se casó con un artesano
bastante mayor que ella, pero al año debió sufrir la pérdida
de su madre y de su esposo. Bajo esas circunstancias, al
encontrarse sola en el puerto, decidió partir a Antofagasta,
época en que los chilenos se encontraban explotando y
conquistando el desierto.

Así, a fines de 1878 llegó a Antofagasta, ciudad que tenía
más de un 85 por ciento de habitantes chilenos. Allí conoció
al joven músico Santiago Pizarro con quien se casó. Pero su
marido estuvo envuelto en una riña con un soldado boliviano,
al que finalmente dio muerte. Por este delito fue condenado y
fusilado.

En esa época era inminente la guerra contra Perú y Bolivia,
lo que influyó para que esta mujer al igual que otras
ingresara al ejército, con el cargo de cantinera. Autorizadas
oficialmente por el Gobierno, ellas marchaban junto a un
regimiento, teniendo como misión socorrer a los heridos y
manejar la provisión de víveres.

Muchas también, rifle en mano, combatieron codo a codo con
los soldados y también murieron en el frente, quemadas o por
una bala. Se cuenta que sobrevivieron a grandes ataques, y
que, escondidas entre muertos y heridos, algunas fueron
capaces de vendar a un batallón entero en una sola noche.

Luego de la guerra, la Sargento Irene Morales, conocida como
la «monja de la caridad», al igual que muchos héroes
anónimos, vivió pobre y murió completamente olvidada en la
sala común de un hospital, a los 25 años de edad, el 25 de
agosto de 1890.

Después de cuarenta años de su anónima muerte, el Coronel
Enrique Phillips Huneeus, gran defensor de los últimos
sobrevivientes de la Guerra del Pacífico, de sus viudas y
descendientes, le dedicó un artículo publicado el 25 de
agosto de 1930 en El Mercurio.

Allí, entre otras cosas, señaló: «Las Judith de Chile, fueron
muchas en esa gloriosa jornada, pero ninguna superó en valor
a Irene Morales, el tipo de la mujer chilena».

Como un homenaje a esta mujer, una calle de Santiago, que une
Merced con la Alameda, a una cuadra de la Plaza Baquedano,
lleva hoy el nombre de “Irene Morales”. Ella representa,
junto a la Sargento Candelaria combatiente en la Guerra
contra la Confederación Perú-boliviana, a la mujer chilena,
simple y abnegada, que en las circunstancias extraordinarias
que les tocó vivir, supieron responder con coraje y
decisión.

Muchas deben ser, sin duda, las “Candelarias” e “Irenes” que
olvida la historia, pero su excepcional actuación recobra la
memoria de todas ellas.

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